España es uno de los destinos turísticos más relevantes del mundo: antes de la pandemia el turismo aportaba alrededor del 12% del producto interior bruto y en 2019 el país recibió más de 80 millones de visitantes internacionales. Además, España cuenta con cerca de 50 sitios declarados Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y una extensa red de reservas de biosfera y parques naturales. Ese patrimonio cultural y paisajístico constituye una ventaja competitiva, pero también plantea retos por la presión turística, la pérdida de usos tradicionales y la fragmentación del paisaje. La responsabilidad social empresarial (RSE) se ha convertido en una palanca esencial para conciliar actividad turística y conservación de los paisajes culturales.
Principios de RSE orientados al turismo y a la gestión de paisajes culturales
- Participación de las partes interesadas: diálogo con comunidades locales, gestores de patrimonio, autoridades y visitantes para definir usos sostenibles.
- Gestión ambiental: reducción de emisiones, eficiencia energética, gestión de residuos, protección de suelos y agua, restauración de ecosistemas culturales.
- Cuidado del patrimonio material e inmaterial: mantenimiento de bienes arquitectónicos, apoyo a oficios tradicionales y conservación de prácticas culturales vinculadas al paisaje.
- Accesibilidad e inclusión: garantizar el acceso a bienes culturales para personas con discapacidad y promover un turismo socialmente justo.
- Certificaciones y transparencia: adopción de sistemas de gestión ambiental (por ejemplo ISO 14001, EMAS), sellos de calidad turística y comunicación clara de objetivos y resultados.
Casos empresariales y colaboraciones destacadas
Paradores de Turismo: la red pública de paradores ha tenido tradicionalmente la misión de recuperar edificios emblemáticos como monasterios, palacios o fortalezas y destinarlos a usos turísticos para asegurar su preservación; estas instalaciones integran la restauración arquitectónica, impulsan la gastronomía regional y generan recursos económicos que contribuyen al mantenimiento del patrimonio.
Cadenas hoteleras con compromiso de conservación: empresas hoteleras nacionales desarrollan programas de reducción de huella ambiental, ahorro energético y mejora de la gestión del agua, además de restaurar y respetar edificios históricos transformados en alojamientos. Complementan esas medidas con compras responsables a proveedores locales para sostener economías regionales.
Programas de accesibilidad y turismo social (Fundación ONCE y empresas colaboradoras): iniciativas para adaptar entornos y recursos culturales, permitiendo la visita de personas con diversidad funcional y ampliando la oferta cultural inclusiva en destinos patrimoniales.
Vías Verdes y Fundación de los Ferrocarriles Españoles: reconversión de trazados ferroviarios en desuso en itinerarios peatonales y ciclistas que fomentan el turismo de naturaleza, revitalizan pueblos rurales y preservan corredores paisajísticos e históricos.
Empresas turísticas vinculadas a redes de reservas de biosfera y parques naturales: operadores, alojamientos y restaurantes que se incorporan a los planes de gestión de estas áreas, adoptando prácticas de mínima huella ambiental y reforzando actividades tradicionales como la agricultura extensiva y el pastoreo, elementos que dan forma a valiosos paisajes culturales.
Fundaciones y mecenazgo cultural: organizaciones privadas y del ámbito bancario (como fundaciones asociadas a grandes compañías) que aportan recursos para la restauración, la investigación y la difusión del patrimonio, y que impulsan iniciativas de turismo cultural sostenible en coordinación con las administraciones.
Iniciativas públicas con participación empresarial
Programas de destinos turísticos sostenibles: convocatorias públicas que cofinancian proyectos para mejorar movilidad, gestión de residuos, capacidad de carga y digitalización en destinos concurridos. Muchas actuaciones se desarrollan en colaboración público-privada y con la implicación de empresas locales.
Sistemas de calidad en destino (SICTED): iniciativa de mejora constante que reúne a negocios y servicios turísticos con el fin de potenciar la calidad y la sostenibilidad de la oferta, incorporando indicadores prácticos adaptados a espacios patrimoniales.
Gestión de grandes bienes culturales: modelos de conservación que combinan financiación pública, concesiones controladas y participación empresarial para asegurar mantenimiento técnico, accesibilidad y experiencias interpretativas respetuosas con el valor histórico.
Casos específicos que evidencian su impacto
Rehabilitación y valorización a través del uso turístico: inmuebles patrimoniales adaptados como hospedajes o espacios culturales, donde la explotación rentable posibilita canalizar recursos hacia su preservación permanente, impulsa la creación de trabajo local y sostiene las dinámicas económicas tradicionales.
Desarrollo de rutas temáticas: itinerarios de vino, rutas de trashumancia, senderos culturales y vías verdes que distribuyen la demanda turística en el territorio, diversifican la oferta y prolongan la estancia media en zonas rurales.
Reducción de presión en espacios sensibles: inversiones en infraestructuras de movilidad sostenible, gestión de visitantes y digitalización de accesos que permiten limitar flujos en momentos críticos y preservar el valor paisajístico.
Fortalecimiento de oficios tradicionales: iniciativas que incorporan a artesanos, productores locales y guías culturales para brindar experiencias genuinas, favoreciendo la permanencia de sus técnicas y la preservación del entorno productivo.
Datos y resultados observables
Antes de la pandemia, el turismo era responsable de una parte significativa del empleo y del PIB nacional; ese peso hace imprescindible orientar la actividad hacia modelos sostenibles para evitar la degradación del patrimonio que sustenta la oferta.
La adopción de sistemas de gestión ambiental y certificaciones técnicas en alojamientos turísticos ha evidenciado disminuciones en el uso de energía y en la generación de desechos, además de elevar la percepción del visitante respecto a la calidad y el compromiso responsable.
Las iniciativas que integran preservación y aprovechamiento (como la rehabilitación orientada al alojamiento, los recorridos culturales y las propuestas de mecenazgo) suelen producir ingresos constantes destinados al mantenimiento y fomentar la creación de empleo local en áreas de baja densidad.
Enseñanzas obtenidas y desafíos por abordar
Visión de largo plazo: la conservación eficaz requiere una planificación que se extienda por varios años y dependa de mecanismos financieros sólidos; la RSE debe articularse con las políticas públicas y no quedar restringida a intervenciones aisladas de comunicación.
Equilibrio entre conservación y accesibilidad: fomentar visitas inclusivas sin sacrificar la integridad física y cultural de los bienes es un desafío que exige gestión de flujos, formación de profesionales y tecnologías de monitorización.
Distribución territorial de beneficios: las empresas deben integrar cadenas de suministro locales y apoyar iniciativas comunitarias para evitar concentraciones de beneficio en pocos actores.
Medición y transparencia: avanzar en indicadores claros de impacto social, económico y ambiental permite evaluar la efectividad de la RSE y ajustar estrategias.
La experiencia española muestra que la RSE aplicada al turismo y a la preservación de paisajes culturales puede transformar un riesgo (presión turística) en una oportunidad de conservación, dinamización económica y cohesión social. Los casos de rehabilitación con uso turístico, las reconversiones de infraestructuras en senderos, las certificaciones de calidad y las alianzas público-privadas demuestran que invertir en patrimonio es invertir en competitividad sostenible. El desafío es escalar estas buenas prácticas de manera equitativa y sostenible, garantizando que la gestión